03 de junio de 2011
Cuando el piloto avisó que solo quedaban 15 minutos de vuelo algo no me cerraba del todo. Es que últimamente tenemos algo de experiencia en lo que a vuelos se refiere, y en este en particular me pareció que para que faltara tan poco tiempo para el aterrizaje la nave estaba demasiado alta.
Pero al instante entendí, al comenzar a cambiar el paisaje debajo y transformarse en miles de colinas y montañas.
Es que la capital de Nepal descansa sobre un valle rodeado de sierras montañosas de gran altitud a 1.200 mts. de altura. Pasada esta barrera natural, el avión comenzó a bajar rápidamente y aterrizó exitosamente en el Valle de Kathmandú.
Poco tiempo después que el bus comenzara el trayecto al hotel comenzamos a ver, en un día de semana y hora pico, el movimiento frenético y caótico de esta ciudad.
Kathmandú comenzaba a mostrarnos los primeros indicios del tipo de ciudad que es, y créanme tiene tanto desencanto como encanto. Su infraestructura de la capital habla a las claras de que Nepal es sin duda un país muy pobre, de hecho esta catalogado como uno de los más pobres del mundo.
Luego del hospedaje en el Shangri La, salimos a pie a recorrer un poco las cercanías del hotel mientras no se extinguieran las últimas luces de la tarde. A pocos minutos, unos 15 aproximadamente, encontramos un mercado. Sus calles angostas, los pobladores todos en las veredas, los ruidos de conversaciones y negociaciones de los comerciantes, las bocinas de los autos y motos que se enmarañan de forma poco creíble entre los propios peatones que también usan la calle, los olores, los vagabundos en las calles, los animales y mucho más me hicieron imaginar a Kathmandú como una ciudad medieval traída a la actualidad donde la única diferencia son los automóviles en vez caballos y carros, los celulares y poco más.
A la vuelta al hotel cuando la tarde ya dejaba de serlo, tuvimos una merecida cena y recorrimos un poco las instalaciones del hotel, que son bastante buenas, en relación a la infraestructura general de la ciudad.
04 de junio de 2011
Desayunamos en el hermoso jardín del hotel mientras los cuervos intentaban, alguna vez con éxito y otras no, arrebatar algún alimento de alguna mesa desprotegida.
El itinerario para hoy marcaba la visita a la ciudad de Kathmandú y eso hicimos.
Salimos temprano, primero a un templo budista (el templo de los monos) que se encuentra en un cerro de donde se puede ver con claridad toda la ciudad y parte del valle y las montañas que lo rodean.
Luego seguimos con la visita a la casa de la “niña diosa”, se trata de una niña que es elegida bajo estrictos requisitos y que es vista como una diosa. Hasta la edad de 12 años puede ostentar este titulo divino, durante este tiempo solo sale de la casa en contadas ocasiones cuando alguna fecha especial así lo amerita. Cuando la diosa virgen cumple los 12 años deja de serlo para darle el lugar a otra niña previamente elegida. Es, según dicen, difícil verla. Pero quizás por la suerte o porque no sea tan así lo que se dice cuando entramos al pateo de la casa ella pasado un rato se asomo a la ventana por unos segundos mirándonos a todos desde arriba y luego, sin demostrar ningún tipo de gesto, se retiró nuevamente.
Mientras recorríamos las calles de la capital nepalí y Usual, el guía, nos contaba sobre las tradiciones e historia de este país fuimos completando las visitas hasta la hora del almuerzo que fue en la plaza Durbar.
Después del almuerzo y una recorrida por la plaza, nos encaminamos al río Bagsmati donde se realizan cremaciones, y por coincidencia del destino justo se estaba llevando a cabo una.
La vuelta al hotel fue sobre la nochecita y el descanso fue merecido después de un largo día y un calor bastante intenso.
al fin!!!!! (actualizaron,) nos habían mal acostumbrados.
ResponderEliminarToia
Estás perdiendo rating!! por fin te ponés al día,te estrañabamos,lo que no perdés es la linda forma de relatar,continúa así!!!!!!
ResponderEliminarBesos a los dos.
LU