miércoles, 6 de julio de 2011

DÍAS 28 y 29 – EL VALLE DE KATHMANDÚ

03 de junio de 2011

Cuando el piloto avisó que solo quedaban 15 minutos de vuelo algo no me cerraba del todo. Es que últimamente tenemos algo de experiencia en lo que a vuelos se refiere, y en este en particular me pareció que para que faltara tan poco tiempo para el aterrizaje la nave estaba demasiado alta.
Pero al instante entendí, al comenzar a cambiar el paisaje debajo y transformarse en miles de colinas y montañas.
Es que la capital de Nepal descansa sobre un valle rodeado de sierras montañosas de gran altitud a 1.200 mts. de altura. Pasada esta barrera natural, el avión comenzó a bajar rápidamente y aterrizó exitosamente en el Valle de Kathmandú.



Poco tiempo después que el bus comenzara el trayecto al hotel comenzamos a ver, en un día de semana y hora pico, el movimiento frenético y caótico de esta ciudad.
Kathmandú comenzaba a mostrarnos los primeros indicios del tipo de ciudad que es, y créanme tiene tanto desencanto como encanto. Su infraestructura de la capital habla a las claras de que Nepal es sin duda un país muy pobre, de hecho esta catalogado como uno de los más pobres del mundo.

Luego del hospedaje en el Shangri La, salimos a pie a recorrer un poco las cercanías del hotel mientras no se extinguieran las últimas luces de la tarde. A pocos minutos, unos 15 aproximadamente, encontramos un mercado. Sus calles angostas, los pobladores todos en las veredas, los ruidos de conversaciones y negociaciones de los comerciantes, las bocinas de los autos y motos que se enmarañan de forma poco creíble entre los propios peatones que también usan la calle, los olores, los vagabundos en las calles, los animales y mucho más me hicieron imaginar a Kathmandú como una ciudad medieval traída a la actualidad donde la única diferencia son los automóviles en vez caballos y carros, los celulares y poco más.


A la vuelta al hotel cuando la tarde ya dejaba de serlo, tuvimos una merecida cena y recorrimos un poco las instalaciones del hotel, que son bastante buenas, en relación a la infraestructura general de la ciudad.

04 de junio de 2011

Desayunamos en el hermoso jardín del hotel mientras los cuervos intentaban, alguna vez con éxito y otras no, arrebatar algún alimento de alguna mesa desprotegida.
El itinerario para hoy marcaba la visita a la ciudad de Kathmandú y eso hicimos.
Salimos temprano, primero a un templo budista (el templo de los monos) que se encuentra en un cerro de donde se puede ver con claridad toda la ciudad y parte del valle y las montañas que lo rodean.
Luego seguimos con la visita a la casa de la “niña diosa”, se trata de una niña que es elegida bajo estrictos requisitos y que es vista como una diosa. Hasta la edad de 12 años puede ostentar este titulo divino, durante este tiempo solo sale de la casa en contadas ocasiones cuando alguna fecha especial así lo amerita. Cuando la diosa virgen cumple los 12 años deja de serlo para darle el lugar a otra niña previamente elegida. Es, según dicen, difícil verla. Pero quizás por la suerte o porque no sea tan así lo que se dice cuando entramos al pateo de la casa ella pasado un rato se asomo a la ventana por unos segundos mirándonos a todos desde arriba y luego, sin demostrar ningún tipo de gesto, se retiró nuevamente.

Mientras recorríamos las calles de la capital nepalí y Usual, el guía, nos contaba sobre las tradiciones e historia de este país fuimos completando las visitas hasta la hora del almuerzo que fue en la plaza Durbar.

Después del almuerzo y una recorrida por la plaza, nos encaminamos al río Bagsmati donde se realizan cremaciones, y por coincidencia del destino justo se estaba llevando a cabo una.

La vuelta al hotel fue sobre la nochecita y el descanso fue merecido después de un largo día y un calor bastante intenso.

domingo, 19 de junio de 2011

DÍA 27 – LA VENECIA DE ORIENTE


2 de junio de 2011

Uno de los días más calurosos de nuestras vidas los pasamos aquí, en la capital. Un sol fuertísimo y una humedad muy alta, más el hecho de tener que hacer las visitas con pantalones largos y remeras con los hombros cubiertos conspiraron para que el calor que de por si era mucho, pareciera aún peor.

De esta manera el bus (con aire acondicionado) se convirtió en una suerte de oasis después de que bajábamos a visitar los templos y el palacio real.

La Venecia de oriente, como le llaman por aquí a Bangkok gracias a sus abundantes canales, es una ciudad, desordenada, bastante sucia y más que nada… grande. Con autopistas cruzándola, los mencionados canales, infinidad de templos, mercados, shoppings y el centro financiero dotado de modernos edificios hay para todos los gustos. Eso si, todavía manteniendo “la forma asiática”, desorden y suciedad.

Mientras observábamos todo esto desde nuestro “oasis móvil” fuimos visitando distintos puntos de atracción.
Primero un templo budista, donde por casualidad se estaba celebrando la graduación de un monje. 


Luego le tocó el turno al Palacio Real. Una construcción imponente, en un predio muy grande, que cuenta con sus propios templos, el edificio donde se encuentra el trono real, un alojamiento para huéspedes, etc. 


Después de este lugar, donde pasamos el calor más agobiante, nos dirigimos a visitar el templo del “Buda Reclinado”. Se trata de un templo que tiene, en su interior, una inmensa figura de Buda en una posición no muy habitual, como lo dice el nombre… esta reclinado, o sea acostado.



Sobre el mediodía terminamos con estas visitas, y tras haber pasado una larga mañana con mucho calor, Sofi y yo decidimos que lo mejor era dormir una reparadora siesta. Así lo hicimos y no fue sino hasta la tardecita, cuando ya estaba algo más aceptable la temperatura, que pusimos un pie fuera de la habitación para encaminarnos a un Shopping cercano a ver que tal era.

El Shopping era muy grande y los precios estaban bien, pero en el apuro de la salida nos olvidamos de llevar una suma de dinero acorde por lo que nos limitamos a pasear y comer.

Con esto terminaron nuestros días en Thailandia y ya miramos de cerca la tierra de Nepal.

viernes, 17 de junio de 2011

DÍA 26 – EL TREN DE LA MUERTE

1 de junio de 2011

Un desayuno rápido fue todo lo que hubo tiempo de hacer antes de salir otra vez en los botes río abajo.
Esta vez para dejar el hotel flotante atrás, pero no el río. Más adelante en el día tendríamos otro encuentro con él.

Luego de un trayecto en bus, llegamos al “Hellfire Pass Memorial”. Este es un tramo del trayecto del “Tren de la muerte” que construyeron, obligados a trabajar forzadamente, prisioneros de guerra Americanos, Australianos, Británicos y Alemanes. Este tren comunicaba Thailandia con Burma y los prisioneros construyeron 45 km de vía entre 1942 y 1943 con herramientas primitivas, en condiciones lamentables, con enfermedades como malaria y cólera y soportando jornadas de trabajo de hasta 16 hrs.
El tramo en el que estuvimos, fue particularmente difícil de construir ya que se tuvieron que hacer pasos a través de las rocas sólidas de los barrancos para construir la vía.
Allí, 68 años después de que aquellos prisioneros vivieran sus peores días y muchos no salieran nunca de este lugar, estuvimos nosotros parados sobre las vías que con tanto sufrimiento y valor ellos construyeron. 



Al salir del memorial, después de ver un video documental inclusive y el museo, nos encaminamos al lugar donde almorzamos; a los pies de las vías del tren y a un paso de la estación.



Pasadas las 14:30, con 45 minutos de atraso, bajo un sol abrazador se escucho a lo lejos los sonidos de la locomotora que acarreaba los vagones del tren que nos llevaría por unos kilómetros hasta el puente sobre el Río Kwai; si, el de la película.


Así entonces recorrimos unos kilómetros del trayecto del “Tren de la Muerte”, que en los días que corren debería llamarse el “tren del infierno” por el calor que hacia en esos vagones.



Poco más de una hora más tarde, tras recorrer muy lindos paisajes, la locomotora comenzó a frenar y doblando un codo de la vía apareció ante nosotros el puente que cruza el Río Kwai, el cual cruzamos al tiempo que el tren hacía sonar su silbato.



De esta manera terminaron nuestros días en relación con el río, y tras un viaje de unas 3 o 4 horas en bus regresamos a la capital Bangkok.

martes, 14 de junio de 2011

DÍAS 24 Y 25 – DOS NOCHES EN EL RÍO


30 de mayo de 2011

Nuevamente el amanecer nos encontró preparados para un nuevo viaje. Esta vez el destino es algo atípico: un hotel flotante, en medio de la selva, en el famoso Río Kwai.

Llegamos a mitad de la tarde a la ribera del río para que un pequeño bote a motor nos llevara hasta el hotel flotante.
El cauce del río se extiende serpenteando en un cañón entre barrancos y cerros repletos de vegetación hasta la misma orilla y muchas veces los árboles y arbustos se adentran en las aguas.

En medio de este paisaje nos encontrábamos, remontando la corriente río arriba, cuando a lo lejos en un codo del cauce divisamos las primeras chozas flotantes que serán nuestro hogar por las siguientes 2 noches.


El hotel se extiende a lo largo de unos 500 mts. bordeando una orilla del río en forma de “S” y sus chozas de bambú y paja dispuestas sobre flotadores y amarradas a la orilla desafían las correntosas aguas. 

Lo primero que hicimos al llegar fue apaciguar el calor que traíamos desde el viaje con una buena zambullida en las correntosas aguas. Primero yo y después Sofi también, con otros muchos, nos zambullíamos al río en un extremo del hotel y flotábamos, arrastrados por la corriente y ayudados por flotadores, hasta el otro extremo. Este fue nuestro primer baño en las turbias aguas del Río Kwai.



La noche no tardó en caer y dado que en este lugar no hay corriente eléctrica, esta se hace mucho más oscura que lo normal.
Bajo un cielo completamente estrellado en un gran ambiente flotante con techo de paja se sirvió la cena a la luz de los faroles.
 
 
 
El sueño lo conciliamos entre los sonidos de las aguas corriendo por debajo de nuestra cama y los ruidos de los animales de la selva.

31 de mayo de 2011

La noche la pasamos mucho mejor de lo esperado y yo particularmente pude encontrar un sueño placenteramente profundo.

Recuperados entonces del cansancio del día anterior salimos, no sin antes desayunar, río abajo otra vez en botes (algunos lo hicieron flotando) a visitar una cueva que se encuentra cerca del hotel.
Hubo, entonces, que sumarle a los monos que saltaban entre las copas de los árboles de la orilla de enfrente y los elefantes que vinieron a darse un baño matinal a las proximidades del hotel, una cantidad innumerable de murciélagos que colgando de los techos de la cueva cerraron el repertorio animal del día.



A la vuelta y después de un nuevo baño en el Kwai, almorzamos y supimos encontrar una reconfortante siesta a pesar del calor sofocante.
En mi caso esto sirvió para recuperar fuerzas para el partido que, en una cancha de fútbol cercana, los representantes de Uruguay les ganamos a los de Thailandia. Con un claro, pero no tan sencillo, 3 – 1 se cerró el duelo y la copa y las 2 botellas de ron thailandes que habían en juego quedaron en manos charrúas.
En tanto yo corría tras la pelota, Sofi paseaba con otros por la aldea cercana encontrándose con un templo y sus tan ansiados elefantes.



El desgaste del día hizo que muy poco tiempo después de la cena cayéramos en un muy profundo sueño, que ni el calor, ni los sonidos de la selva nos pudieran robar.

DÍAS 22 y 23 – FINAL EN PHI PHI

28 de mayo de 2011

Las playas y piscinas de Phi Phi son demasiado tentadoras como para pensar en otras cosas, por lo tanto eso hicimos. No pensamos en nada más y ya que en nuestro itinerario estos días están catalogados como “vacaciones” nos pasamos el día entre playa y piscina.



Créanme estos días son bastante necesarios ya que para las jornadas que vengan necesitaremos estar con las baterías cargadas. Es que el mismo itinerario que hoy nos tiene tan tranquilos aquí bajo las hojas de una palmera, en un par de días no nos dará respiro.

Después de este día de descanso casi exclusivo, al caer el sol, decidimos salir ya que es nuestra última noche en este lugar.

La cena la encontramos en un coqueto bar donde sirven todo tipo de comida y además ofrecen wi fi gratis para los comensales.
Con las barrigas llenas, dimos una vuelta por el centro de la isla para entonces si volver al hotel a aprontarnos para la salida nocturna.

Pasadas las 11 nos encaminamos para el boliche de la playa con Ger, Lau, El Canario y Rosina. Después de un rato de estar allí los hombres ya habíamos decidido que íbamos a ir a algún bar a ver la final de la Champions entre el Barcelona y el Manchester United. Asíque pasadas las 12:30 nosotros nos encaminamos al bar, todo adornado para la ocasión, y ellas al hotel a conciliar el sueño.

Llegamos temprano ya que el partido empezaba a la 1:45 AM hora local. A pesar de esto ya había bastante gente dentro, muchos con las camisetas del Barcelona y el Man U., lo que hacía pensar que el lleno en el recinto sería completo.
Con el paso de los minutos no hicimos más que comprobar esta suposición y el bar se lleno de europeos (españoles, ingleses y otros), Yankees, Australianos, Thailandeses y algún otro bicho raro que andaba en la vuelta. Nosotros, gracias a lo temprano que habíamos llegado, teníamos un más que aceptable lugar y así algo apretados entre “roperos rubios” engullidores de cerveza nos dispusimos a ver la final.

Cuando agonizaba el primer tiempo y luego del primer festejado gol del Barcelona llegó el gol del United y todo se convirtió en jolgorio. Es que la mayoría sin duda simpatizaba por los rojos ingleses y el gol de Rooney hizo desatar una lluvia de cerveza, casi tan fuerte como la que caía afuera, que nos mojo hasta las ganas de quedarnos allí.

Con el término del primer tiempo empatados a 1, mojados, cansados y con la amenaza inminente de que la lluvia volviera decidimos irnos al hotel a dormir y descansar para el viaje de mañana, que como siempre, empezaría muy temprano.

Así entonces terminan nuestras vacaciones en las hermosas playas de Phi Phi.

29 de mayo de 2011

Con solo ver su aeropuerto y la autopista que sigue el bus que nos transporta a nuestro hotel fue suficiente para darnos cuenta que Bangkok, la capital de Thailandia,  sería de todas las ciudades que hasta ahora habíamos visto la más grande. Más aún confirmamos esta suposición, cuando desde la ventana, pudimos contemplar su centro financiero y hotelero con grandes edificios modernos.

Llegamos al hotel terminando la tarde por lo que no pudimos conocer mucho de esta enorme ciudad. Por lo poco que pudimos ver es que tiene un gran movimiento, mucha gente y que es notoriamente más moderna que las ciudades vietnamitas.

Después de comer algo en la piscina del hotel, tuvimos que ir a preparar el bolso para las 2 noches que pasaremos en el flotando en el río.

A la vuelta descubriremos más de esta ciudad.

viernes, 10 de junio de 2011

DÍAS 20 y 21 – SNORKELING EN PHI PHI

26 de mayo de 2011

Nuestro tercer día en Phi Phi lo tomamos más para el descanso que para otra cosa.
Por la mañana hicimos una parte del duro camino que lleva a Long Beach, pero hasta una mini playa que queda mucho más cerca, y a la sombra de los árboles que invaden la arena misma, hicimos campamento.
Allí nos quedamos la mañana, entre baños y alguna foto, para volver a comer al hotel.



En el camino de vuelta averiguamos sobre un tour que se hace en bote. Se sale a la mañana y te llevan por las islas cercanas y sus bahías y playas, entre ellas la playa donde se filmó la película “La Playa”. La propuesta nos convenció asíque decidimos contratarlos para el día siguiente y hacer ese paseo.

La tarde, después del almuerzo, fue muy tranquila en la piscina del hotel. Es que ahora más que nunca debíamos guardar energías para el largo día de mañana cuando saldríamos embarcados desde la mañana al atardecer.

27 de mayo de 2011

Desayunamos rápido y salimos lo antes posible a contratar el paseo. Éramos 11 del grupo que íbamos a ir juntos y para las 9 de la mañana el negocio estaba hecho.
El barco no zarpaba hasta las 10 por lo que nos dio tiempo todavía para dar alguna vuelta por ahí cerca.


Después de una demora de media hora más o menos salimos embarcados, para visitar las playas de unas cuantas islas, y además, hacer snorkel en las más que cristalinas aguas.

La primer parada no se hizo esperar y tras navegar unos 15 min. el barco se detuvo frente a Long Beach donde tuvimos nuestro primer baño del día. Esto sirvió para que Sofi y yo y los demás fuéramos probando que tal nos movíamos con mascara, snorkel, chaleco salva vida y patas de rana.



El capitán nos llevo luego a la popular “Maya Beach” que es la isla y playa donde se filmó la película, un lugar paradisiaco. Tanto o más que Phi Phi. Una pequeña playa escondida en una pequeña bahía formada por morros. Allí nuestro primer momento de snorkel en aguas repletas de peces de todo tipo.
Después con Sofi y el Canario, nos subimos a un kayak para llegar, no sin esfuerzo, a las arenas de la playa.




El siguiente destino fue una parada exclusiva para hacer snorkel.
Aquí bajamos con comida, que nos había sobrado del almuerzo a bordo,  para ofrecerles a los peces; lo que hizo que realmente nadáramos en “nubes” de ellos. Algo totalmente increíble e indescriptible.

Después de otra parada en Bamboo Island, nos ubicamos en un lugar espectacular para apreciar uno de los mejores atardeceres y luego si, volver al puerto de Phi Phi.



El paseo valió mucho más que la pena, y nos volvimos con muchos minutos de filmación acuática. 

sábado, 4 de junio de 2011

DÍA 18 y 19 – LA ISLA PARAISO

24 de mayo de 2011

Apenas se divisó, desde el ferry que nos transportó desde Phuket, supimos que nos esperaba uno de los lugares más hermosos del viaje; la isla y playas de Phi Phi.



A medida que nos fuimos acercando más y más, esta suposición no hizo más que confirmarse. Apenas habiendo bajado del ferry no escapó a nuestros ojos la indescriptible claridad del agua de estas playas y la increíble cantidad de vida marina que en esta agua se encuentra con absoluta facilidad.

Lo primero que hicimos, entonces, después de alojarnos en el Hotel Cabana Resort fue ir directamente a la playa en la que se encuentra el hotel… si porque no hace falta más que bajar unos pocos escalones para llegar a esta desde la piscina del hotel.
Encerrada en una ensenada profunda, con una abertura al mar bastante estrecha, las calmas aguas de esta bahía son custodiadas por unos cerros rebosantes de vegetación enmarcando un paisaje esplendido que se puede observar desde las arenas mismas o también recostado en una cómoda reposera bajo la fresca sombra de las sombrillas de la increíble piscina del hotel. 



Después de comer algo bajo una de esas sombrillas y contemplando ese paisaje, pasamos el resto de la tarde entre baños en la piscina, caminatas  y a la noche una salida a un boliche que se encuentra también en la playa. 

25 de mayo de 2011

Habíamos averiguado el día anterior, por comentarios de compañeros del grupo, que había una playa algo más lejos la cual recomendaban conocer. Para llegar, debíamos caminar algo así como 30 minutos atravesando la isla.

Nos levantamos y desayunamos lo más temprano posible, ya que como saben aquí en Phi Phi estamos de “vacaciones”, y salimos hacia la mencionada playa. Cruzamos el centro de la isla por una callecita costera, hasta que esta se termino y tuvimos que bajar a la arena para seguir el trayecto. Luego unas escaleras arriba, un pasaje con piso de hormigón, escaleras abajo y una playita escondida en la vegetación con no más de 10 metros de arena. Dado el calor que hacía por esas horas ya, no resistimos la tentación de bañarnos en ese “oasis” para después si seguir adelante. Ahora ya no era tan fácil el camino. Transformado en un rustico y estrecho pasaje entre vegetación y raíces, el calor comenzó a hacerse sentir aún más. Luego de unos 15 o 20 minutos por este pasaje, con subidas y bajadas por si lo anterior no era sufuciente, llegamos a la tan ansiada “Long Beach”. 



La verdad es que el esfuerzo valió la pena, porque aquí la vegetación llega hasta la arena misma proveyendo de sombra lo que es esencial por el calor y el sol y las aguas son aún más transparentes que en la playa del hotel. Aquí probé seriamente mi nueva mascara y snorkel con éxito ya que pude sacarle una foto a mi primer pez en plena persecución bajo el agua.



El lugar colmó las expectativas y el restaurante sobre la arena misma el hambre. La mañana y la tarde la pasamos aquí, para luego emprender otra vez el duro camino de vuelta; eso si, sabiendo que había valido la pena y que empezábamos a descubrir más lugares de la “isla paraíso”.