18 de mayo de 2011
Madrugamos otra vez para tomarnos temprano nuevamente el bus.
Madrugamos otra vez para tomarnos temprano nuevamente el bus.
El destino: un paseo en bote por un típico río vietnamita rodeado de plantaciones de arroz.
Otra vez el calor era agobiante para cuando llegamos al lugar y el sol brillaba a pleno en el cielo. Nos proveimos de bastante agua para sobrellevar las casi 2 horas que duraba el paseo y haciendo fila, en parejas fuimos subiendo a los botes.
En el nuestro, además de nosotros, el remero era una mujer, y más tarde se subió su hijo para “ayudarla” con la tarea.
Si algo tienen estas tierras, es que siempre hay algo sorprendente, diferente, raro o exótico a la vuelta de la esquina y esta vez no fue la excepción. Al imponente paisaje del río transcurriendo entre morros con una vegetación muy tupida y las plantaciones de arroz a los costados, a las 3 cuevas que cruzamos en bote, etc hubo que sumarle una excentricidad. Es que la mujer que nos llevaba a remo por este río tenía una forma bastante peculiar de remar, lo hacía con los pies!
Como si de una bicicleta se tratara, entonces, nos conducía por ese río. Su hijo de a ratos metía algún remo en el agua y más tarde, apareció en el barco otro remo para que… bueno alguno de los “invitados” remara si así lo deseaba. Entonces, Sofi y yo pusimos manos a la obra y nos fuimos turnando para remar también nosotros.
Lau y Ger iban detrás nuestro y nos sacábamos fotos unos a los otros (usando la táctica que habíamos usado con los Cyclos en Hanoi), y cuando nos cruzábamos con algún otro conocido hacíamos lo mismo, El Canario y Rossina, Pablo y Luciana, Diego y Florencia.
En determinado momento, enseguida después de cruzar una cueva, se detuvo la caravana de botes y en ese lugar se dio la segunda excentricidad del día: los remeros sacaban, de no se bien donde ya que el bote no destacaba por gran tamaño, una caja donde llevaban souvenirs, remeras, telas, y de todo un poco para que nosotros les compráramos y así sin moverse los botes durante unos buenos minutos insistían con los ofrecimientos y luego a remar de vuelta.
Este fue nuestro último día en Vietnam, una tierra que nos dejó descubrir sus encantos de a poco, que nos trató de forma cálida (no solo por el clima) y que nos dejó una más que grata impresión.
Poseedores de lugares paradisíacos como la Bahía de Ha Long, de ciudades bulliciosas y populosas como Hanoi y Ho Chi Minh, con mente abierta a las inversiones extranjeras y al turismo como Hoian (que esta siendo creado para eso), y con un pueblo que destaca por su calidez en el trato, amabilidad, y vocación de servicio siempre con una sonrisa en la cara como las que tuvieron en todo momento dibujadas Hong y Tuan (los guías), Vietnam es un país que apuesta, planificadamente, a desarrollarse y a tratar de mejorar cada día más la calidad de vida de sus habitantes y la de los que los visitan. Todavía les queda un largo camino por recorrer, y muchas cosas para mejorar… pero, al parecer van por buen camino.
Y al final, ¿compraron o no un souvenir a la remera de los pies? Me quedé intrigada! jaja
ResponderEliminarMás allá de la broma, increible el sitio! la verdad que hay mucho para ver y descubrir en ese país que describen tan increíblemente.
Un abrazo
Toia